17 de abril de 2012

Precious Illusions

Hace algún tiempo aprendí que las ilusiones no son más que un bocado suave, un algodón de azúcar, un par de lentes rosados que tiñen el ojo de quien los porta sin cambiar la realidad que sigue en su frenesí al otro lado del vidrio de color. 

Por ahí dicen, sin embargo, que a veces es mejor tener un poco de ilusión a no tener ninguna. Realmente no lo sé. Lo que sí sé es que esos lentes de colores no me vienen bien por el momento. 

7 de abril de 2012

El regreso a los anillos de Saturno

  - Sólo sos una mujer con piernas muy bonitas...

  - Qué piernas...

"Philip. La primera vez que Stella le vio, se rió de él. Era demasiado guapo. 'Qué bello plumaje de don Juan,' comentó, riendo, y le dio la espalda. El plumaje donjuanesco nunca la había atraído. (...) Porque ellos dos habían alcanzado el anillo que rodea el planeta del amor, el anillo exterior del deseo(.)"
--Stella, Anaïs Nin

Todos quieren los anillos de Saturno, todos aspiran a esa ilusión. Un espejismo. En el momento en que la vida real aparece, en el momento en que el olor de la sangre llega a la nariz, aúllan en pos del deseo estelar.

Ya vas a ver
Cómo tu cuerpo se abre
No esperes más de mí...


Ja, ja, ja, ja. Yo conozco bien este juego, ¿o lo has olvidado? Soy elástica, dúctil, traslúcida, y aunque traspase todas las barreras como un fantasma, nunca se pierde mi esencia. Conozco las poses, las miradas, las palabras de los anillos de Saturno. Conozco el tesoro, el botín que todos persiguen. No dudés que puedo ganarte en tu propio terreno.

No esperes más de mí...

3 de abril de 2012

Lo Imposible

"Recordó el conocido mito de El Banquete de Platón: los humanos eran antes hermafroditas y Dios los dividió en dos mitades que desde entonces vagan por el mundo y se buscan. El amor es el deseo de encontrar a la mitad perdida de nosotros mismos. 

Admitimos que eso es así; que cada uno de nosotros tiene en algún lugar del mundo a su mitad, con la que una vez formó un solo cuerpo. La otra mitad de Tomás era la muchacha con la que había soñado. Lo que sucede es que el hombre no encuentra a la otra mitad de sí mismo. En su lugarle envían, en un cesto aguas abajo, a Teresa. Pero ¿qué sucede si se encuentra realmente con la mujer que le corresponde, con la otra mitad de sí mismo? ¿A quién dará prioridad? ¿A la mujer del cesto o a la mujer del mito de Platón?

Se imaginó que estaba viviendo en un mundo ideal con la muchacha del sueño. Junto a las ventanas abiertas de su residencia pasa Teresa. Está sola, se detiene en medio de la acera y desde allí lo mira, con una mirada de infinita tristeza. Y él no soporta esa mirada. ¡Siente otra vez el dolor de ella en su propio corazón! Está otra vez en poder de la compasión y se hunde en el alma de ella. Atraviesa de un salto la ventana. Pero ella le dice amargamente que se quede ahí donde se siente feliz y hace aquellos gestos bruscos y crispados que le disgustaban en ella y que siempre le habían molestado. Coge aquellas manos nerviosas y las estrecha entre las suyas para calmarlas. Y sabe que abandonaría en cualquier momento la casa de su felicidad, que abandonaría en cualquier momento su Paraíso en el que vive con la muchacha del sueño para irse con Teresa, la mujer nacida de seis ridículas casualidades."

-- Milan Kundera, La Insoportable Levedad del Ser

29 de marzo de 2012

De una pasión


Pero el vértigo
Y el licor de tu mirar
Nos arrastraron
Siempre al mismo lugar.

28 de marzo de 2012

De todos modos no veo.

Por la noche la despertó, ella lloraba en sueños. 

Le contó: "Estaba enterrada. Hace ya tiempo. Venías a verme todas las semanas. Siempre tocabas con los nudillos en la tumba y yo salía. Tenía los ojos llenos de tierra. Decías, 'Así no puedes ver,' y me quitabas la tierra de los ojos. Y yo te decía, 'De todos modos no veo. Si tengo agujeros en vez de ojos.' Y un día te fuiste y no volviste durante mucho tiempo y yo sabía que estabas con otra mujer. Pasaban las semanas y tu no volvías. Tenía miedo de no verte y por eso no dormía nunca. Por fin volviste a llamar a la tumba, pero yo estaba tan cansada después de un mes sin dormir que no tenía fuerzas para salir a la superficie. Cuando lo conseguí, tú me miraste decepcionado. Me dijiste que tenía muy mal aspecto. Sentí que te desagradaba terriblemente, que tenía la cara hundida y hacía unos gestos muy bruscos. Te pedí disculpas. 'No te enfades, no he dormido en todo el tiempo.' Y tú me dijiste con voz falsa, tranquilizadora, 'Ya ves. Tienes que descansar. Deberías tomarte un mes de vacaciones.' Y yo sabía perfectamente qué querías decir con lo de las vacaciones. Sabía que no querías verme en todo el mes porque estarías con otra mujer. Te fuiste y yo bajé a la tumba y sabía que pasaría otro mes sin dormir para estar despierta cuando vinieses y que, cuando llegases al cabo de un mes, estaría aún más fea que hoy y que tú estarías aún más decepcionado."

-- La Insoportable Levedad del Ser, Milan Kundera

Teoría del cariño

Teoría del cariño

Te prometo 
la luna y las estrellas
en libros de texto...

Magdiel C. Midence


"Nada es más evidente que la señal de una herida en unos ojos crédulos. Es una señal clara y rotunda, y los ojos están lacerados, parecen a punto de deshacerse por el dolor. 

  - Las infidelidades de mi padre no significaban nada. El siempre te ha querido más que a las otras. Actuaba con ligereza, pero su amor verdadero era para tí. Ha sido un irresponsable, y tu eras demasiado buena con él, nunca te rebelabas. 

  - Es mi manera de ser. Tengo un gran fe, una gran indulgencia, siento un gran amor. Por eso, si alguien se aprovecha de mí, me siento traicionada y no puedo perdonarle. Se lo advertí cariñosamente. Lo que me sacó de quicio no fue su infidelidad, sino su falta de delicadeza. Deseaba morir. Le pedía que no fuese tan descarado, tan insolente. Pero ahora la situación es irrevocable. Cuando hice la suma de todos sus comentarios egoístas, de todos sus gestos descuidados, la expresión de fastidio en su rostro cuando estaba enferma, su indiferencia constante a mi tristeza, no pude creer que me hubiese amado nunca. Me contaba unas historias tan inverosímiles que debía tener una idea muy pobre de mi inteligencia. Hasta ahora, mi amor era lo bastante fuerte para cegarme... pero ahora, compréndelo Stella, lo veo todo. Hasta recuerdo unas palabras suyas del primer día. La clase de infidelidad que puede perdonar una mujer no es la de tu padre. El no me era infiel por su interes hacia otras mujeres, sino por su traición a lo que había entre nosotros; me abandonó espiritualmente y emocionalmente. No me quería. (...)  No me importa que ahora llore. Yo he llorado durante diez años. Y estoy segura de que no se suicidará. Es una comedia. Se quiere demasiado. Que se dé cuenta ahora de la fuerza del amor que ha destruido. (...) Nunca he conocido a un hombre capaz de matar un amor de un modo tan total. Qué digo, un hombre! Muchas veces creo que era un niño; era tan irresponsable como un niño. El era un niño y yo me convertí en su madre; por eso se lo perdonaba todo. Sólo una madre es capaz de perdonarlo todo. Pero el niño, naturalmente, hiere a su madre sin darse cuenta. No sabe si está cansada, o enferma; no hace nada por ella. Da por sentado que está dispuesta a morir por él. El niño es pasivo, dócil, y lo acepta todo, sin dar a cambio nada más que afecto. Si la madre llora, le echa los brazos al cuello, y después va y repite lo que la había hecho llorar. El niño sólo piensa en la madre como en la persona que se lo da todo, que lo perdona todo, que le ama infatigablemente.  Y yo permití que mi esposo se convirtiese en un niño..."

-- Stella, Anais Nin

9 de marzo de 2012

10 de febrero de 2012

El karma de vivir al sur

Mi problema es esa fiereza tan estúpida con la que me aferro a los sueños y a su materia.

"No voy a desistir
Aunque me digan que todo es tan iluso.
No voy a desistir
Aunque me digan que ya no hay nada más..."

 - Ustedes son la pareja más caótica que he visto.

 - ¿Por qué?

 - Es como un choque. Generalmente en situaciones así, cuando las cosas se empiezan a salir de control, la gente dice "hasta aquí" y se despide. Pero ustedes siguen estrellándose, lío tras lío, y todavía siguen...



El karma de vivir al sur
Parte de la Religión
Charly García


Me vas a hacer feliz, vas a matarme con tu forma de ser
Me vas a hacer reír, vas a matarme con tu forma de ser
Me vas a hacer feliz, vas a mostrarme ese lado inconcluso
Me vas a hacer reír, vas a mostrarme lo que no puede ser

Me vas a hacer feliz, vas a matarme con tu forma de ser
Me vas a hacer reír, vas a matarme con tu forma de ser
No voy a desistir
Aunque me digan que todo es tan iluso
No voy a desistir
Aunque me digan que ya no hay nada más

Sentir hasta resistir
El karma de vivir al sur
Sentir hasta resistir
El karma de vivir sin luz

Yo sé que un día ya no habrá perdón
Yo sé que un día no habrá confusión
Porque si confiás en mí
Todo es para siempre...

Me vas hacer feliz...

2 de febrero de 2012

My Sweet Prince

Su príncipe era un nouveau-beat circa 2012
Su príncipe era la fotografía de uno
Mientras se embadurnaba de mierda las manos
Y se ponía uno de sus vestidos.
Su príncipe había dejado fortunas
Y cortejos pre-matrimoniales con mujeres aptas
Para perseguir el abandono y los saltos que vienen con él.

Su príncipe levantaba la tarjeta de identidad
Cargada de polvo blanco
Y la acercaba a sus fosas nasales
Mientras las señoras del bar los corrían.

Su príncipe tenía unos ojos azules de lágrimas,
Una boca roja mordida por más de cien mujeres,
Un rubor desvergonzado en las mejillas
Que a la vista mojaba las enaguas de universitarias
Y algunas colegialas
Y hasta de mujeres casadas.

Su príncipe manejaba una extensa farmacopeia
A causa de uno que otro encierro en el Mario Mendoza
Recetaba cocteles para la perdición, para el olvido, para el placer
O para los tres.

Adoraba a Ginsberg y a Bob Dylan
Y repetía con saña
"I smoke marihuana every chance I get"
Recordando aquello de no tener casa
Y rodar sin dirección.

31 de enero de 2012

Desde el país de los Ogros: Tristán

Una noche llegó Tristán a la casa de su madre. Llegó feliz, ávido, contento de amanecer al mundo. Su madre lo sintió llegar, pero quedó en silencio. Su padre no lo había percibido. 

Pasaron semanas. La madre finalmente dijo al padre:

  - Él vino. 

El padre lo vió y mostró la sonrisa que guardaba para la ocasión de su venida. Esta vez charlaron y estuvieron alegres. 

Pasó una semana. El padre no ha llegado, la madre llora. Tristán adormecido apenas siente aquel llanto, mientras ve los globos rojos perderse en el firmamento. El padre llega y tras su delirio viene la conciencia de los globos rojos. La madre de ojos hinchados no quiere moverse. 

  - Es necesario, dice el padre. 

Caminan. La madre no ve nada más que los globos rojos, ni siente nada más que el vacío de su bolsillo. 

  - Espere aquí, ya vienen las enfermeras.
  - No, aquí no la podemos ayudar. 
  - ¿Trae dinero?
  - No tiene seguro. No la podemos atender. 
  - Acá no tratamos esas pacientes. Váyase a una clínica.
  - Tiene que esperarse.
  - ¿Sangrado? Espérese. 

El dolor hace retorcerse a la madre. Tristán apenas se ha dado cuenta. El padre ha llorado. Ha llevado a la madre y a Tristán a la casa de su abuela. Llaman a clínicas donde el teléfono repica infinitamente. Alguien contesta por fin. 

  - Señora, lo que usted tiene es una amenaza de aborto, si no es que ya se ha completado. Es importante que la evalúen. 

El padre vuelve a llevar a la madre de ojos vacíos a un taxi. Llegan a la clínica. La madre espera sola en medio de bebés. Bebés de todos los colores, recién nacidos, de siete meses, de dos añitos. Bebés enfermos, bebés felices con sus madres. La madre piensa en Tristán y los globos rojos, que siguen su escape. Le han dicho de nuevo que debe esperar, que hay personas más graves que Tristán desvaneciéndose en el firmamento. 

Tres horas. La madre sufre. El padre la lleva a otro hospital.

  - Doctora, mire...
  - Uhmm... sí, ingrésela para AMEU.
  - ¿Qué me va a hacer?
  - ¿Qué? Aquí ya todo está hecho, mama.
  - Mire, éste es un pedacito de carne. 

En unas pinzas horribles, la doctora levanta algo ensangrentado. Algo que perfectamente pudo ser un torso, y aquello unos bracitos. Un niño llamado Tristán, que abrazaría a su madre y jugaría con su padre. 

Lágrimas y sangre, nada más.