...Y tanta gente en este mundo, tanta vida, tanta muerte, henchidos de vida y de muerte tengo los ojos, cianóticos los puños y las venas, derramado el espíritu. Tanto dolor, tantas lágrimas, y tanto desdén esparcido por doquier. Tanto el valor con el que se guardan los símbolos, y tan poco pesan al cortarse un abrazo, un roce, una línea.
Hoy me cercenó el agudo chillido de la escición.
En mis ojos, todo va siendo destino ya.
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